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MADRID, 29 Sep. (EUROPA PRESS) -
La artrosis de rodilla suele asociarse a dolor, limitación para moverse y, cuando progresa, a la posibilidad de acabar necesitando una prótesis. Por eso, cualquier tratamiento capaz de hacer algo más que aliviar los síntomas despierta especial interés entre los investigadores.
Ahora, un seguimiento de casi 12 años ha puesto sobre la mesa una posibilidad inesperada: utilizar dosis muy bajas de radioterapia, muy inferiores a las empleadas contra el cáncer, podría estar relacionado no solo con una mejoría más duradera del dolor y la función, sino también con un menor deterioro de la articulación.
UNA RADIOTERAPIA DISTINTA A LA QUE SE UTILIZA CONTRA EL CÁNCER
La radioterapia de baja dosis podría hacer más que aliviar el dolor de la artrosis de rodilla en etapa temprana; un análisis a largo plazo sugiere que también podría influir en la progresión de la enfermedad, tal y como concluyen expertos de la Universidad Loyola en Maywood (Estados Unidos).
Estos hallazgos provienen de un nuevo análisis integrado de un ensayo aleatorizado realizado en Rusia, en el que se realizó un seguimiento a casi 300 pacientes durante casi 12 años. Los resultados se presentan en la Reunión Anual de la Sociedad Americana de Oncología Radioterápica (ASTRO) de Boston, Estados Unidos.
LA CIFRA QUE CAMBIA LA HISTORIA: UN 67% MENOS DE RIESGO DE DISCAPACIDAD
Los pacientes que recibieron radioterapia de baja dosis experimentaron mejoras más sostenidas en el dolor, la función física y la calidad de vida que aquellos que recibieron solo medicamentos, y las resonancias magnéticas mostraron un deterioro estructural significativamente menor dentro de la rodilla. En toda la población estudiada, la radioterapia de baja dosis se asoció con un riesgo ajustado un 67% menor de discapacidad certificada por el gobierno debido a la artrosis de rodilla. El mayor beneficio aparente se observó entre los pacientes con enfermedad de grado 2, donde la artrosis estaba establecida pero aún no avanzada.
"Lo más interesante de este estudio es cómo se integran los resultados", expone Bobby (Nagendra) Koneru, autor del estudio y oncólogo radioterapeuta de la Universidad Loyola en Maywood. "Los pacientes experimentaron una mejoría sostenida del dolor y la función, la resonancia magnética mostró menor deterioro articular y, años después, observamos menor discapacidad y, en pacientes con enfermedad de grado 2, menos reemplazos de rodilla.
En conjunto, estos hallazgos plantean la posibilidad de que el tratamiento pueda influir en la evolución a largo plazo de la artrosis. Esta perspectiva hace que sea importante confirmar en un estudio multicéntrico más amplio si estos hallazgos representan un efecto modificador de la enfermedad".
EL POSIBLE BENEFICIO APARECE SOBRE TODO CUANDO LA ARTROSIS AÚN NO ESTÁ AVANZADA
El tratamiento para la artrosis de rodilla generalmente comienza con ejercicio, control del peso y medicamentos o inyecciones para aliviar los síntomas. Estos enfoques pueden reducir el dolor y mejorar la función, pero la mayoría no logran frenar de manera fiable la progresión estructural de la enfermedad. La radioterapia de baja dosis se ha utilizado durante décadas en algunas partes de Europa y cada vez más en Estados Unidos para aliviar el dolor de la artrosis y otras afecciones inflamatorias no cancerosas. Las dosis son una pequeña fracción de las que se utilizan para tratar el cáncer y se cree que actúan reduciendo la inflamación.
"La radioterapia funciona de manera diferente a dosis muy bajas", explica el doctor Koneru. "En el tratamiento del cáncer, utilizamos dosis mucho más altas para destruir las células cancerosas o impedir su crecimiento. Con las dosis que se usan para la artrosis, el objetivo es reducir la inflamación dentro de la articulación".
Investigaciones previas demostraron que la radioterapia de baja dosis puede mejorar el dolor a corto plazo y la función física en pacientes con artrosis de rodilla leve a moderada. Este análisis actual examinó si la mejoría de los síntomas se correlacionaba con los cambios estructurales dentro de la articulación y los resultados a largo plazo.
El ensayo incluyó a 292 pacientes con artrosis de rodilla sintomática clasificada como grado 0, 1 o 2 según la escala de Kellgren-Lawrence. Esta clasificación abarca desde la ausencia de artrosis visible en la radiografía hasta la presencia de espolones óseos y posible estrechamiento articular incipiente; los pacientes con enfermedad de grado 0 presentaban evidencia de artrosis en la resonancia magnética. Se excluyeron los pacientes con enfermedad más avanzada de grado 3 y 4.
Los participantes eran relativamente jóvenes, con una edad media de 38 años. Fueron asignados aleatoriamente en una única institución en Rusia para recibir glucosamina y condroitina solas o los mismos medicamentos más radioterapia de baja dosis, con un total de 4,5 Gy en 10 sesiones. La radioterapia se administró con un equipo de ortovoltaje utilizando rayos X de baja energía.
Ambos grupos reportaron menos dolor inmediatamente después del tratamiento, pero el beneficio se mantuvo a lo largo del tiempo solo en el grupo de radioterapia. Los pacientes que recibieron radioterapia también reportaron mejoras significativamente mayores y más duraderas en la función física y la calidad de vida que aquellos que recibieron solo medicamentos.
Las resonancias magnéticas, cuyo seguimiento se realizó durante tres años después del tratamiento, también revelaron una disminución significativa del deterioro estructural tras la radioterapia. A los 12 meses, las puntuaciones de las resonancias magnéticas mostraron una leve mejoría en los pacientes que recibieron radioterapia, en comparación con el empeoramiento observado en el grupo que solo recibió medicación. Esta diferencia significativa entre los grupos se mantuvo durante todo el periodo de seguimiento.
Los investigadores también examinaron los registros de salud regionales sobre reemplazo de rodilla y discapacidad certificada por el gobierno debido a artrosis de rodilla durante un seguimiento medio de 11,9 años. En la población estudiada, la radioterapia se asoció con un riesgo ajustado de discapacidad significativamente menor (67%). El doctor Koneru señala que este resultado refleja una consecuencia de la enfermedad de rodilla certificada de forma independiente, lo que complementa las mejoras en los síntomas y los hallazgos de la resonancia magnética.
La mayor reducción absoluta de la discapacidad se observó entre los 78 pacientes con enfermedad de grado 2. La discapacidad se desarrolló en el 31% de quienes recibieron radioterapia, frente al 61% de quienes recibieron solo medicación. Se realizó una artroplastia de rodilla en el 14% y el 36%, respectivamente. Ambas diferencias fueron estadísticamente significativas.
"La enfermedad de grado 2 podría representar una etapa en la que la artrosis ya está establecida, pero aún no se ha producido un daño articular extenso", cuenta el doctor Koneru. "La combinación de menor discapacidad y menor número de reemplazos de rodilla en estos pacientes es particularmente alentadora. Sugiere una oportunidad para estudiar si el tratamiento temprano de la inflamación puede modificar la evolución a largo plazo de la enfermedad".
EL ESTUDIO PRESENTA LIMITACIONES IMPORTANTES
Los participantes sabían si habían recibido radioterapia, y el grupo de control recibió medicación en lugar de radiación simulada. Los resultados a largo plazo y los análisis del subgrupo de grado 2 fueron exploratorios; la diferencia en la tasa de reemplazo de rodilla en toda la población del estudio no alcanzó significación estadística.
Los datos de resonancia magnética de seguimiento fueron incompletos, aunque los radiólogos que interpretaron las imágenes desconocían el tratamiento asignado a cada paciente. El ensayo se realizó en una sola institución en Rusia, donde las diferencias en la prestación de atención médica o el acceso al reemplazo de rodilla pueden limitar la aplicabilidad general de los resultados.
Durante el seguimiento no se registraron reacciones agudas a la radiación ni casos de cáncer en la zona tratada. Sin embargo, el estudio no se diseñó para cuantificar los efectos tardíos poco frecuentes ni el riesgo de cáncer a lo largo de la vida, especialmente en esta población relativamente joven, por lo que se necesitan estudios prospectivos más amplios para evaluar la seguridad a largo plazo y la durabilidad del beneficio.
El siguiente paso para esta investigación debería ser un ensayo aleatorizado multicéntrico que utilice radioterapia simulada como control, con imágenes definidas prospectivamente y criterios de valoración clínicos a largo plazo, centrándose en pacientes con enfermedad de grado 2.