Garantizar el suministro de agua segura y monitorizar la calidad del aire, claves ante catástrofes como la DANA
MADRID 3 Abr. (EUROPA PRESS) -
Garantizar el suministro de agua segura, monitorizar la calidad del aire y gestionar residuos peligrosos son tres acciones claves para responder en la fase de emergencia tras producirse fenómenos meteorológicos adversos como la DANA, según la guía que acaba de publicar la Sociedad Española de Epidemiología (SEE).
El objetivo de esta guía, que llega cuando casi se cumplen seis meses de la tragedia de la DANA, es proporcionar recomendaciones prácticas y actualizadas a administraciones, profesionales, comunidades y sociedad civil, sobre cómo actuar en caso de una situación de este tipo, tanto a corto como a medio plazo.
Asimismo, desde la SEE advierten de que las inundaciones y daños derivados de catástrofes como las DANA generan riesgos como la contaminación del agua potable, la proliferación de vectores (mosquitos, roedores, etc) o la exposición a sustancias tóxicas.
Además, la interrupción de servicios básicos aumenta el riesgo de brotes de enfermedades gastrointestinales y respiratorias. Por ello, la SEE propone reforzar los sistemas de vigilancia para la detección temprana de posibles brotes asociados a enfermedades infecciosas, y difundir información clara, precisa y transparente adaptada a las necesidades del público general.
Por otro lado, insisten en que para comprender la magnitud y características de una catástrofe, es preciso disponer de información veraz y a tiempo real: una correcta gestión de los datos sobre la mortalidad no solo facilita la planificación de la respuesta, sino que también combate la desinformación y refuerza la confianza de la ciudadanía en las instituciones.
En esta Guía, la SEE también advierte de la importancia de priorizar la atención a los colectivos más vulnerables, y de considerar los determinantes sociales de la salud para garantizar una respuesta equitativa y eficaz. Por ello llaman a tener especialmente en cuenta a las personas en situación de vulnerabilidad como las personas de bajos ingresos, menores de edad, personas con trabajos informales, personas mayores o institucionalizadas y personas con discapacidad.
Tras una catástrofe por fenómenos meteorológicos, es frecuente el aumento de trastornos como estrés postraumático o ansiedad, especialmente entre quienes sufren pérdidas materiales o personales. Por ello, propone reforzar la Atención Primaria y la red de Salud Mental, garantizar apoyo psicológico a los equipos de rescate y diseñar planes de intervención específica para niños, niñas y adolescentes de las zonas afectadas, entre otras acciones.
Asimismo, la sociedad científica pone el foco sobre los pacientes oncológicos, que pueden experimentar cambios en sus esquemas de tratamiento tras una tragedia de estas magnitudes. En estos casos, se recomienda flexibilizar las citas médicas y facilitar el transporte a centros sanitarios para evitar interrupciones en los tratamientos.