Hemos aprendido desde muy pronto que mostrarnos como somos de manera genuina no siempre es algo seguro. La autenticidad es algo que se sacrifica como estrategia de supervivencia en muchos casos en nuestro día a día, y que elegimos para evitar el rechazo. Y es que desde pequeños aprendemos qué partes de nosotros son las aceptadas y cuáles generan rechazo o abandono.