Arturo Goicoechea, neurólogo, explica por qué nos sentirnos enfermos si estamos sanos

Archivo - Left and right human brain. Creative half and logic half of human mind. Vector illustration.
Archivo - Left and right human brain. Creative half and logic half of human mind. Vector illustration. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / LISAALISA_ILL - Archivo
Actualizado: jueves, 3 abril 2025 9:07

   MADRID, 3 Abr. (EDIZIONES) -

   Si algo define al neurólogo Arturo Goicoechea es que ha sabido salirse de los cánones que impone la "Academia" como él la llama en nuestra entrevista con Europa Press Salud Infosalus, y que es un "experto de relatos de síntomas no explicados". Le entrevistamos con motivo de la publicación de su tercer libro 'Tu cuerpo habla. ¿Por qué me duele si no tengo nada?' (Vergara), un manual en el que explica su visión sobre por qué podemos sentirnos enfermos, aunque realmente estemos sanos y lanza su hipótesis de que mucho de lo que nos pasa es por lo que hemos aprendido de los expertos.

   Así, y para entender su hipótesis, nos indica que todo parte de que muchos médicos se dedican a atender este problema de síntomas sin resolver, un porcentaje que atribuye a un grupo considerable de la población, "un 20% y va subiendo". "Son personas que acuden al especialista porque tienen síntomas inexplicables, siendo el dolor uno de ellos, al que los expertos les conceden diversas etiquetas diagnósticas validadas como migraña, fibromialgia, acúfenos, vértigo, mareo, o dolor crónico, entre otros, porque algunos son inclasificables", aprecia.

   Cuenta que, a partir de ahí, el medico experto hace su evaluación y no encuentra motivo para explicar por qué le duele a ese paciente la cabeza, o por qué tiene crisis de migraña con frecuencia, por citar un ejemplo concreto. Además, narra que, en muchas ocasiones, es el propio especialista el que carece de esa capacidad de eliminar esta dolencia y de solventar el dolor, a pesar de haberle puesto la etiqueta, y anima al paciente a tomar una serie de fármacos y a vivir con la dolencia en sí.

   "La aparente eficacia de las terapias está basada en el efecto placebo, en las expectativas. Los neurólogos no construyen teorías validas y hacen lo que les han enseñado a hacer, que es recetar ansiolíticos, antidepresivos, o analgésicos como hacía yo hasta que cambié", nos advierte este neurólogo ya jubilado en esta entrevista y que reconoce que cambió tras leer mucho y observar su propia realidad de dolores lumbares fruto de una intervención, entre otros episodios relacionados con el dolor.

   Advierte así de que, "a pesar de todo lo que dice la Academia, la Ciencia avanza", y ahora se sabe que la comunidad médica "no tiene ni idea" de cómo trabajar la red de neuronas: "Ignoramos todo sobre cómo se construye la conciencia en el organismo, un ámbito misterioso. En el libro uso una metáfora de una película, de manera que la realidad es una cosa integrada por partículas, átomos, moléculas y células; y después se encontraría otra realidad, la perceptiva, que es lo que aparece en la conciencia. Damos por sentado que esto último es la expresión directa de la realidad, pero no es así. Se supone que todos oímos lo mismo, con los mismos procesos físicos, por ejemplo, y probablemente sea verdad, pero no hay manera de comprobarlo".

HAY INTERESES DE POR MEDIO

   Insiste con ello el doctor Goicoechea en que el cerebro humano "construye una película sobre la información de los expertos", y "esto ayuda a darse cuenta de que esta película tiene muchos intereses de por medio". Avisa, igualmente, de que "no siempre la película de dolor refleja la situación real", poniendo el ejemplo de una crisis de migraña, momento en el que en la cabeza no pasa nada realmente, pero esa película es de dolor y a veces de vómitos para la persona.

"El cerebro es un sistema complejo, creativo, y genera una interpretación de la realidad basada en la experiencia e información disponible que muchas veces nos han transmitido, y lo que aparece en la conciencia es la expresión de este relato que se está construyendo continuamente", apostilla.

   Por eso, este doctor defiende que "no tenemos esos sentidos que nos permiten ver qué sucede dentro", si no sólo los datos de la conciencia, la película, que a veces sí es coherente con lo que pasa, como cuando nos duele la cabeza después de darnos un golpe en la cabeza; si bien advierte de que, en otras ocasiones, ese dolor no se correlaciona con la realidad. "Es como una película de ficción que, tras consultar a los expertos, estos nos refuerzan", apostilla.

   Defiende que desde los 90 trabaja desde esa hipótesis, y son muchos los pacientes que hacen el proceso de modificación del proceso y dejan de tener migrañas o se reduce la invalidez o la dependencia de fármacos y el miedo a llevar una vida normal.

¿FACTORES GENÉTICOS Y HORMONALES?

   En el libro cita que, por ejemplo, muchos neurólogos a las personas con migraña les relatan que han heredado los genes de esta afección de algún familiar, y a poco que se agiten con su estilo de vida (dormir mal, estrés, dieta, desánimo, cambios hormonales o meteorológicos) se supera el límite de tolerancia y la persona entra en un proceso descontrolado de activación neuronal, que da lugar a todos los síntomas.

   Aquí advierte de que no comparte esta idea del factor genético, o de los cambios hormonales, o del estrés y de los factores psicoemocionales, al mismo tiempo que sentencia que "el término somatizar" no lo usa como posible desencadenante de muchos de estos fenómenos. Subraya que este modo de proceder no considera en su evaluación la opción del relato, la cultura, el adoctrinamiento, o el aprendizaje basado en modelos que vienen de expertos, reduciendo la biología a moléculas, y considerando la cultura como algo que perturba o emborrona la investigación sobre la migraña y otras etiquetas antes citadas.

   En su opinión, el organismo es un sistema complejo biológico e intenta sobrevivir y la evolución biológica en nuestra especie es biocultural, de manera que la cultura forma parte de la biología y siempre debe tenerse en cuenta en la identificación del problema, y en la propuesta de soluciones. "Sólo si se analiza ese relato puede identificarse el problema y proponer una solución: liberarlo de todos sus componentes cognitivos, atencionales, emocionales, conductuales, y de afiliación social, automatizados y normalizados", añade Goicoechea.

    "Las disposiciones oficiales son las que la neurología ortodoxa propone pero, en el caso de la migraña, no las comparto y me apoyo en lo que dice biología como procesos básicos. Somos la única especie que tenemos migraña, por algo será, y lo que nos diferencia es que somos la única especie que tenemos expertos que creen que lo que cuentan es cierto y eso está muy vinculado a intereses de otro tipo, los de la farmaindustria y no profesionales".

   Le preguntamos, en consecuencia, cuál es esa fórmula mágica para olvidarnos del dolor, o al menos aminorarlo, y señala que "aquí no hay magia", sino lo que podemos hacer es abrazar la ignorancia y habilitar al paciente para que empiece a interpretar las cosas desde otra perspectiva. Dice que este refuerzo del afrontamiento del dolor es algo que se está empezando a hacer desde muchas unidades del dolor, pero que en el campo de la migraña aún falta mucho por recorrer. "Hay que corregir hábitos atencionales, de impacto, emocionales, conductuales; un trabajo que implica unas cuantas horas en la consulta, no es tan sencillo", remarca este neurólogo.

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